Transformación del campo colombiano mediante cambio
profundo a su desarrollo rural
Analizando el devenir del foro de desarrollo rural colombiano
organizado por nuestro partido “Alianza Verde”
mediante la transformación del campo de nuestro país, hay cosas
trascendentales para la ruralidad que
van más allá del estado puntual del sector agrícola o ganadero.
Si bien
en esta oportunidad la ruralidad tampoco podrá participar de forma directa en definir
su futuro inmediato ante la generosidad del congreso con el ejecutivo permitiéndole la potestad directa de
reorientar el desarrollo rural para la transformación del campo, sí esperamos
que la opción de acompañamiento de dos representantes de nuestro partido
alianza verde, con conocimiento y capacidad de reorientación de la ruralidad
incidan para que no sea un maquillaje más de la misma, similar a las de las
anteriores cinco décadas. Esperamos cambios profundos como los pide el senador
Antonio Navarro Wolff o los anuncia el senador Leonidas Name Vásquez.
Cuando
hay claridad y raciocinio para aceptar que el desarrollo rural es mucho más que
la agricultura convencional y la ganadería extensiva o intensiva, hay que
partir de cuál es el estado actual del desarrollo rural, resultado de las
políticas agropecuarias, sociales, económicas y ambientales del país de los
últimos cincuenta años.
La
foránea “revolución verde”, impuesta y aceptada también hace ya más de
cincuenta años con todo rigor por nuestros gobiernos de turno y en todos los alcances,
incluyendo:
- el contenido tecnológico,
- las áreas de formación profesional y técnica,
- la transferencia de tecnología,
- el soporte económico a la ruralidad
- la concentración de la tierra agrícola,
- el impulso al monocultivo,
- la sostenibilidad social en el campo,
- a forma de afrontar el narcotráfico,
- la forma de afrontar para el sector la apertura económica neo liberal del país
- el desconocimiento total de su incidencia ambiental en el ecosistema y su repercusión en lo social y en lo económico.
Deben ser
estas entre otros, las áreas de análisis de nuestros resultados actuales en la
ruralidad y el punto de partida para su
modificación a fondo.
El
concepto, la propuesta y la implementación de “revolución verde” fueron hechos para la agricultura de las zonas templadas del
planeta y posteriormente mal impuestas y mal adaptadas en la agricultura del
trópico.
Los
problemas para la agricultura de nuestro país no se hicieron esperar y fueron
ignorados y camuflados por quienes han direccionado las políticas agrícolas.
La
llamada revolución verde es un paradigma en crisis para el trópico ya hace más
de 35 años. Las dinámicas de los organismos vivos del suelo y del área foliar
de los cultivos son muy diferentes dependiendo de donde se encuentren:
- en suelos del trópico o en suelos de las zonas templadas del planeta
- en suelos con estaciones climáticas extremas o en suelos sin estacionalidad y en estado tropical permanente.
El monocultivo
continuo en el trópico con esa altísima dinámica de sus organismos vivos en el
ecosistema y con la implementación irracional del paquete tecnológico de la
revolución verde, si bien han colaborado en mantener la producción de nuestros
cultivos dentro del promedio o bajo el promedio de los cultivos del mundo, no
ha ocurrido lo mismo con:
- la productividad de los cultivos,
- la productividad de los suelos,
- la productividad de los agricultores,
- ni la productividad del sector agrícola.
El
componente dentro de la estructura de costos de nuestros cultivos en lo
relacionado con insumos (insecticidas, herbicidas, fungicidas, nematicidas y
demás biocidas) y fertilizantes de alta solubilidad, superan en el doble en
costos y en unidades a la estructura de costos de los cultivos de zonas
templadas, además de degradar en forma creciente la fertilidad de nuestros
suelos tropicales en sus contenidos minerales, en el componente vivo del suelo,
en la estructura del suelo, en la
retención de humedad del suelo y pone en duda la inocuidad de nuestra
alimentación proveniente del campo así cultivado.
Es
también la vía de liberación acelerada del bióxido de carbono (CO2) secuestrado
por miles de años en la parte orgánica del suelo y principal gas de efecto
invernadero causante de la realidad del calentamiento global, al sacarlo del
ciclo normal de fotosíntesis, respiración de las plantas y humificación del
contenido orgánico de los cultivos.
Una de
las últimas inclusiones al paquete tecnológico de la revolución verde es el uso
de semillas con modificaciones genéticas inducidas en los laboratorios de las
multinacionales productoras de los ingredientes técnicos de los pesticidas, con
el propósito central de obligar su continuidad de uso en los cultivos, y sin
consideración a su incidencia en el germoplasma soporte de la seguridad
alimentaria del mundo, ni en la inocuidad de los cultivos requerida para los
consumidores.
Llama la
atención y pide reflexión el hecho de que sean los mismos más de cincuenta años
los de implementación de la revolución verde a todos los niveles en nuestra
ruralidad, y que sea en nuestros campos
y en el mismo tiempo donde se desarrollen simultáneamente:
- los lamentables conflictos armados de las guerrillas los paramilitares,
- el crecimiento sostenido de la siembra y procesamiento de cultivos ilícitos,
- el desplazamiento forzado de la gente del campo a los poblados y ciudades o a las milicias formales o informales
- la concentración de la propiedad rural,
- el menor salario diferenciado institucionalmente,
- la mayor pobreza generalizada de sus habitantes,
- los mayores índices de desnutrición, mortalidad y morbilidad infantil,
- y más recientemente el escenario de la peligrosa locomotora descarrilada de la minería.
Alejandro
Reyes Posada, el colombiano con más claridad sobre el conflicto social armado y
en el pos conflicto de nuestro proceso de paz, también ve la necesidad
apremiante del cambio profundo e integral a las políticas de desarrollo rural
del país.
Nos
obliga a todos los colombianos en todos las ámbitos y especialmente a quienes
hacemos parte del pensamiento de la Alianza Verde, colaborar en la
retroalimentación del pasado de nuestro desarrollo rural y en el planteamiento
permanente que permita su reforma afondo para bien de la gente del campo sin
dolientes y de los consumidores inadvertidos y desprevenidos de la sociedad.
Omar A. Barbosa Quimbay
I.A. Agro ecólogo


